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sábado, 16 de abril de 2011

VIERNES DE DOLORES ANTE LA SEÑORA DE CÓRDOBA.

Besamanos, besapiés y Vía Crucis calman la ansiada espera del Domingo de Ramos.

Se vuelve a obrar el prodigio de cada primavera, Capuchinos vuelve a hervir de devoción a los pies de la Reina y Señora de Córdoba. La poderosa Virgen de los Dolores, que desde su atalaya bendice cada Viernes que lleva su nombre a los miles de cordobeses que a lo largo de la jornada pasaron ante sus plantas.

"¡Qué hermosa, madre mía!", decía Amelia, una señora octogenaria mientras se santiguaba mirando a la Virgen.

Esta señora no mentía, la Virgen lució impecable toda vestida de negro como eje de su retablo exornado para la ocasión con flor blanca.

Durante toda la mañana fueron diversas las estampas que se vivieron alrededor de la Virgen. Todas ellas surgidas de la sencillez de la devoción más genuina, esa que no entiende, ni quiere, de especies raras de flores, ni de encajes de Bruselas, ni de estética cofradiera, gente que solo quiere encontrarse con la nacarada cara de la Virgen Servita y decirle con fuerza: "Felicidades, Madre".

Cerca de las once de la mañana cesó el movimiento en el templo, los fieles fueron buscando un hueco para participar en la tradicional misa que cada año preside el obispo de la diócesis y a la que asistieron representantes de distintos grupos políticos.

Demetrio Fernández, como no podía ser de otra forma, dedicó su homilía a la Virgen de Dolores. "Eres la Señora de Córdoba, la Madre de todos los cordobeses, danos un corazón de carne sensible ante todas las dificultares de la sociedad", señaló el prelado, quien invitó a los fieles a "salir de la mano de la Virgen al encuentro de los demás".

Poco a poco, las colas se multiplicaban y se ramificaban en dirección a la iglesia de Capuchinos, donde un año más se encontraba la Virgen de la Paz en besamanos. La Paloma de Capuchinos lució vestida con saya blanca y manto verde manzana, un encaje de punto de aguja rodeaba su delicado rostro. Junto a la Virgen, se podía ver la vara de hermano mayor con crespón negro en recuerdo a José Gálvez, quien fuera hermano mayor de la Paz en los años 70 y que falleció el pasado Jueves.

Con un sol casi veraniego la gente buscaba la sombra pegados a la cal, este año más blanca que nunca, de las paredes del rectángulo que conforma la plaza. Un espacio que ayer presentaba el ambiente de las plazas mayores de los pueblos, el reencuentro, la tertulia improvisada, las felicitaciones a las Lolas... Todo con un denominador común: la Semana Santa que está a la vuelta de la esquina.

Entre tertulia y saludos fue pasando la mañana, una mañana que también había dado tiempo para ir hasta el Marrubial y besar el pie al Crucificado de Gracia, y algo más arriba al Señor del Buen Suceso también en besapiés en la parroquia de San Andrés.

Ya por la tarde, tras saborear la típica torrija siguió el tour cofrade, apurando los últimos instantes de la Cuaresma. Fue el momento para admirar de cerca al Santísimo Cristo de las Angustias, expuesto, aunque no en besapiés, a la veneración de los fieles.

La noche fue el momento para rezar el Vía Crucis junto a las imágenes devocionales, imágenes de siempre, de toda la vida, como Nuestro Padre Jesús Caído, que fue recorriendo estación a estación la cuesta de San Cayetano.

Francisco Mellado.
Fuente: Diario Córdoba.

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